jueves, 23 de mayo de 2013

Amor. Gabriel García Márquez

Cuando Florentino Ariza la vio por primera vez, su madre lo había descubierto desde antes de que él se lo contara, porque perdió el habla y el apetito y se pasaba las noches en claro dando vueltas en la cama. Pero cuando empezó a esperar la respuesta a su primera carta, la ansiedad se le complicó con cagantinas y vómitos verdes, perdió el sentido de la orientación y sufría desmayos repentinos, y su madre se aterrorizó porque su estado no se parecía a los desórdenes del amor sino a los estragos del cólera. El padrino de Florentino Ariza, un anciano homeópata que había sido el confidente de Tránsito Ariza desde sus tiempos de amante escondida, se alarmó también a primera vista con el estado del enfermo, porque tenía el pulso tenue, la respiración arenosa y los sudores pálidos de los moribundos. Pero el examen le reveló que no tenía fiebre, ni dolor en ninguna parte, y lo único concreto que sentía era una necesidad urgente de morir. Le bastó con un interrogatorio insidioso, primero a él y después a la madre, para comprobar una vez más que los síntomas del amor son los mismos del cólera. Prescribió infusiones de flores de tilo para entretener los nervios y sugirió un cambio de aires para buscar el consuelo en la distancia, pero lo que anhelaba Florentino Ariza era todo lo contrario: gozar de su martirio.

El amor en los tiempos del cólera.


Escribe el resto del post aqui Leer Mas......

lunes, 10 de octubre de 2011

Domingo-

Cada domingo se repite sin alteraciones como cada semana, nada de más, nada que le sobre, una mínima variación de intensidad a lo sumo que matiza el devenir de los meses. La misma resaca, el maquillaje corrido de la noche anterior, las persianas bajas del cuarto inmutables, y esa angustia que golpea todas las extremidades del cuerpo, recordando que al otro día comienza la rutina agobiante y monótona; como todas las semanas. 
Pero a esa angustia se le suma el componente esencial del domingo, que lo caracteriza por ser lo que es, el último día de la semana, día de balances y punto de partida, día donde necesariamente vemos dónde y cómo estamos parados para seguir, y la nostalgia de lo que falta se impone inevitablemente.
El recuerdo, más vivo que nunca los domingos, de eso que tuve, que fue mío y parte de mí, se deshace y se escurre entre los dedos como arena, cayendo, cayendo, cayendo...


Leer Mas......

domingo, 29 de mayo de 2011

- Esto no es una Despedida -

Nos dijimos adios, con las palabras equivocadas.
Hablando del rumbo incierto de nuestros caminos,
hablando de los deseos no tan reprimidos,
hablando del presente, mintiéndonos con elegancia.

Esta despedida que huele a dejavu, entre vidas pasadas,
turbulentos sueños recurrentes, o las mismas vivencias con otras caras,
duele igual que la primera vez, duele igual que todas las veces,
duele traducir las frases implícitas, duele comprender lo que revela tu mirada.

"Andábamos sin buscarnos", pero nos cruzamos por equivocación,
yo sabía que andaba para encontrarte, vos andabas para esconderte,
no de mí, no de alguien, de la realidad que se convirtió en camino,
cuando descubriste que para afrontarla hace falta más que espíritu.

Y tu encrucijada se convirtió en un tinte más para mi laberinto,
aquel que transito despierta o en sueños, buscando estrategias para salir,
o recorriéndolo irracionalmente, para no ser conciente del tiempo
que roba cada esquina, cada encrucijada, cada camino cerrado.



Escher


Leer Mas......

lunes, 23 de mayo de 2011

- Dirigía un mudo reproche al destino que no acertaba a juntar las soledades gemelas -

La -vida- podría definirse como un constante fluir de almas, en un océano eterno; historias, momentos, sonrisas, vergüenza, amor, tristeza, felicidad inmensa, nostalgia, juegos, anécdotas, elecciones, obligaciones... Experiencias compartidas, un cruce de caminos dentro de ese fluir, dan forma a la vida. Y en ésta se ha dado, que algunas almas se eligen, o tal vez no tanto; permanecen compañeras en ese camino por un tiempo más prolongado.
Una serie de coincidencias, que luego dan lugar a coincidencias artificiales, y mientras esas experiencias alimentan, reorientan, modifican un alma, lo hacen del mismo modo con las demás que caminan junto a ella.
Y a partir de allí, será la infinita fabricación de coincidencias, o ya la natural elección de las originales almas que dejaron de ser aquellas, para transformarse en un mismo sentido, en este vuelo impredecible y encantado.
Ocurre con el devenir, que aquellas almas al poseer identidades tan similares, y por recorrer ese fluir permanentemente unidas, ya no pueden separarse; son como -una misma-. Los límites son muy difusos, y las diferencias nebulosas. Tampoco recuerdan cómo era ese recorrido que antes hacían por su cuenta; el presente es sólo ese fluir inmersas en una unidad inexplicable.
Si una de ellas abandona el viaje, las otras estarán destinadas a perder el rumbo, el sentido, su propio ser... ya que sólo -son-, por ser parte de algo más; eso las define y les da identidad.
Después, sólo esperaría ese profundo océano caótico, donde todas las almas desorientadas continúan fluyendo, pero ahora más incompletas, porque una parte de ellas fue arrebatada.

Leer Mas......

- Estado de Anomia Mental -

Ya no hay polo de atracción que organice mis ideas.
Mis pasiones desmesuradas corren sin frenos por mi mente, pero se agobian ante la imposibilidad de existir fuera de ella.
Tantas cosas, tantas personas, tantos momentos...
No son más que imágenes, fotos estáticas y frías, una escena teatral, donde los actores impersonales usan la máscara de la tragedia.
Mi alma, un simple astro brillando por una luz que regala su reflejo.
Un beso doloroso me atormenta, ya en otros labios.
Y buscando sanar esta locura, este vacío, probando cuerpos sin corazón, ojos sin mirada, personas sin nombre, no encuentro más que infinitas esencias inalcanzables...

Leer Mas......

-La felicidad ha muerto-

"Todos los hombres buscan la felicidad", todos lo hacen como si fuera un objeto aprehensible, adquirible, un sentimiento pleno y perfecto, sencillamente cosificado.

La felicidad es ilusión, un concepto abstracto, construido para representar una idea sin referente. Un momento eterno de placer sin perturbación alguna.
De ser eterno este momento, la felicidad debería al menos ser parte de toda una vida; sin embargo, al pasar toda la vida buscándola, no tenemos forma de conseguirla.
Nuestra existencia está siempre salpicada de momentos fugaces, que parecen desprenderse de esta idea de felicidad; pero luego se extinguen, se apagan abruptamente, para pasar a ser sólo vagos recuerdos. Y es así como estas imágenes lejanas se convierten en los íconos de la felicidad, ese sentimiento que creíamos infinito. Pero los recuerdos alimentan nuetra mente, sin saciar el espíritu, inmerso siempre en la misma búsqueda inalcanzable. Leer Mas......

sábado, 26 de marzo de 2011

En el Fondo del Pozo. (Crónica del Pájaro que da cuerda al Mundo) H. Murakami

Cuando bajo a la negrura del pozo por la escalera de hierro fijada a la pared, busco a tientas el bate de béisbol que siempre dejo apoyado en ella. Es el bate que, casi inconscientemente, le arrebaté al hombre con el estuche de guitarra. Asir ese bate viejo lleno de ralladuras en la oscuridad del fondo del pozo me tranquiliza de una manera extraña. También me ayuda a concentrarme. Por eso lo tengo siempre en el fondo del pozo. Porque bajar y subir cada vez con el bate es una molestia.

Busco el bate, aguanto el mango con ambas manos y lo sujeto como un jugador de béisbol dispuesto a batear. Compruebo si esmi bate, el bate de siempre. Luego compruebo, fijándome en todos los detalles, que nada haya cambiado en la oscuridad impenetrable. Aguzo el oído, hincho de aire los pulmones, tanteo el estado de la tierra con la suela del zapato, golpeo suavemente con la punta del bate la pared para comprobar su dureza. Pero todo eso no es más que un ritual para tranquilizarme. El fondo del pozo se parece mucho al fondo de los grandes abismos marinos. Allí todo permanece inmutable, conserva su forma original, como comprimido por la presión del agua. No es que nada cambie, depende del día.

Arriba flota la luz, recortada, redonda. Es el cielo del atardecer. Mirándolo, pienso en el mundo a esa hora del atardecer del mes de octubre. Allí debe de haber una vida congente. Bajo esa luz tenue, la gente camina por las calles, hace compras, prepara la comida, se dirige a su casa en tren. Y piensan que es algo tan natural que no merece siquiera ser pensado. O ni siquiera lo piensan. Como hacía yo antes. Ellos poseen esa identidad imprecisa de quienes pueden denominarse «gente». Yo era uno de ellos, sin nombre. Bajo esa luz, la gente acepta a la gente, la gente es aceptada por la gente. Allí hay, sin duda, una especie de intimidad envuelta en luz, quizá duradera, quizá transitoria. Yo ya no me incluyo entre ellos. Pues están en la superficie de la tierra y yo estoy en el fondo de un pozo profundo. Ellos tienen luz, yo estoy a punto de perderla. A veces pienso que ya no podré volver jamás a ese mundo. Tal vez nunca vuelva a sentir el sosiego de estar envuelto en luz. Tal vez nunca pueda volver a abrazar el cuerpo blando del gato. Cuando pienso estas cosas, siento un dolor sordo, como si algo me oprimiera el pecho.

Pero mientras trazo círculos sobre el suelo blando con la suela de goma de la zapatilla de tenis, la escena de la superficie de la tierra se va alejando de mí. La sensación de realidad se debilita poco a poco y, en su lugar, empieza a envolverme la intimidad del pozo. El fondo del pozo es cálido, silencioso, la ternura de la tierra profunda apacigua mi piel. El dolor que hay en mi pecho va extinguiéndose como se extinguen las ondas en la superficie del agua. Ese lugar me acoge y yo acojo ese lugar. Aprieto el mango del bate. Cierro los ojos, los abro de nuevo, miro hacia lo alto (...).


Leer Mas......

domingo, 13 de febrero de 2011

El Eterno Retorno y el Eterno Cambio.

▫ En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos ▫

Así como la vida fluye, al igual que los ríos de los que hablaba Heráclito, y cada vez que regresamos a la orilla que conocíamos para sumergirnos, las cosas se transforman, nosotros cambiamos, el paisaje muta, nuestros ojos miran otras cosas, por algún tramposo designio del destino, siempre volvemos a la misma orilla. El río es extenso, y la corriente nos arrastra muchas veces a lugares que no esperábamos encontrar, pero cuando nos resistimos a ser dirigidos y salimos del caudal de agua, el paisaje seco no nos entusiasma, queremos volver a ese río al que estamos acostumbrados, y qué mejor malo conocido que bueno por conocer, encaramos la misma orilla, atravesamos el mismo vado, y pisamos las mismas rocas, para dar el gran salto y sumergirnos, adentrándonos en la corriente sintiendo cómo se detiene el tiempo.

Queremos ser agua, queremos ser caudal, queremos ser impredecibles, queremos simplemente Ser. Pero la naturaleza está cada vez más lejos de nuestra esencia, estructurados por lo artificial, fluimos encausados. Y quién sino nosotros, paradójicamente, construimos esos embalses y canales, que dirigen nuestra trayectoria, creyendo alguna vez que era la acertada. Seguimos inconscientemente nuestras propias reglas, nuestras propias normas, nuestros propios mandatos. Queremos cambiar y no queremos, queremos elegir, y sin embargo nuestras elecciones son una sucesión de repeticiones, un eterno retorno a lo efímero, guiados por el fenómeno, más que por el noúmeno, por lo artificial, por lo superficial, por lo que el sentido común quiere establecer como Real, en vez de guiarnos por los instintos, por aquella naturaleza primitiva y auténtica, que nos dejaba ser, fluir, recorrer el mundo en profundidad, conociendo cada espacio y cada ser que el camino incierto presenta.




Leer Mas......

domingo, 2 de enero de 2011

Lo nuevo y la tradición

Última campanada de las 12, el primer día del 2011... sí, campanada. Aunque suene anacrónico, en ciertos rincones de la modernidad lograron sobrevivir al torbellino tecnológico algunos relojes con campana, de madera, números romanos, a cuerda; uno de esos lugares es la casa de mis abuelos maternos, donde las imprevisibilidades de la vida quisieron que empezáramos el año. Algo fuera de lo común, complementando el tono extra-cotidiano de las festividades, hacía mucho más de una década que no elegíamos esa casa (todavía creíamos en el Barbudo de CocaCola, y no faltaba nadie en la familia). Los años supieron robarse algunas caras especiales, y algunas ilusiones, otras se fueron perdiendo solas.

La razón no casual por la que volvimos allí: la mala salud de mi abuela, que hace meses le impide levantarse de la cama (aunque ella tal vez no lo haya notado), y sin más familiares que nosotros cuatro (somos de la gloriosa familia "tipo") con el propósito de quitarle el matiz de -festividad- que otorga la reunión de personas a la -festividad-, envueltos en un oxímoron práctico y teórico, evitando que mi abuela se sintiera excluida de algún tipo de "fiesta" organizada en honor a la "festividad", negándonos a celebrar, pero cumpliendo con los ritos básicos de la ocasión (claro está, excluyendo la parte de -reunión-). Cuando le alcanzamos la cena en la cama a mi abuela, que sumida en la programación especial de GranHermano2011 casi no notó nuestra presencia, se negó a comer, pensando que para nosotros cuatro y los veinte muchachos que tan lindos posaban a una corta distancia, no iba a alcanzar la comida. A la hora del brindis (algunas horas antes de la hora señalada como la oficial), tuvimos que llevar a cabo una improvisación digna de Darín para pilotear el hecho de que "estando en Italia" la mitad de los familiares no hubiesen querido acercarse a compartir la copa con ella, celebrando todos juntos las Pascuas (sí, era la modesta ciudad argenta de Mar del Plata, y como dije antes, año nuevo), aseverando una serie de excusas lo más creíbles posible y adecuadas a cada uno de los casos puntuales que habían merecido reclamos.

Y así fue como luego de esta sucesión de ficciones, discusiones y resignación, las famosas campanadas nos hicieron notar que el nuevo año llegaba, recibiéndolo con una casual sonrisa fingida, y un champagne recién descorchado, depositando las pocas esperanzas a mano, no en el devenir del año, sino en aquella botella, esperando que el líquido dorado arrastrara con su paso las amarguras que el año viejo dejaba.



Leer Mas......

domingo, 21 de noviembre de 2010

Capítulo VIII - Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación (Don Quijote de la Mancha - M. de Cervantes)

En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vió, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza.
Aquellos que allí ves, respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino. Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas: non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete. Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por Don Quijote, dijo: pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando llegó, halló que no se podía menear, tal fue el golpe que dio con él Rocinante. ¡Válame Dios! dijo Sancho; ¿no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no los podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza? Calla, amigo Sancho, respondió Don Quijote, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón, que me robó el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la voluntad de mi espada. Dios lo haga como puede, respondió Sancho Panza. Y ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba; y hablando en la pasada aventura, siguieron el camino del puerto Lápice, porque allí decía Don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero; sino que iba muy pesaroso por haberle faltado la lanza y diciéndoselo a su escudero, dijo: yo me acuerdo haber leído que un caballero español, llamado Diego Pérez de Vargas, habiéndosele en una batalla roto la espada, desgajó de una encina un pesado ramo o tronco, y con él hizo tales cosas aquel día, y machacó tantos moros, que le quedó por sobrenombre Machuca, y así él, como sus descendientes, se llamaron desde aquel día en adelante Vargas y Machuca. Hete dicho esto, porque de la primera encina o roble que se me depare, pienso desgajar otro tronco tal y bueno como aquel, que me imagino y pienso hacer con él tales hazañas, que tú te tengas por bien afortunado de haber merecido venir a verlas, y aser testigo de cosas que apenas podrán ser creídas. A la mano de Dios, dijo Sancho, yo lo creo todo así como vuestra merced lo dice; pero enderécese un poco, que parece que va de medio lado, y debe de ser del molimiento de la caída. Así es la verdad, respondió Don Quijote; y si no me quejo del dolor, es porque no es dado a los caballeros andantes quejarse de herida alguna, aunque se le salgan las tripas por ella. Si eso es así, no tengo yo que replicar, respondió Sancho; pero sabe Dios si yo me holgara que vuestra merced se quejara cuando alguna cosa le doliera. De mí sé decir, que me he de quejar del más pequeño dolor que tenga, si ya no se entiende también con los escuderos de los caballeros andantes eso del no quejarse.

No se dejó de reír Don Quijote de la simplicidad de su escudero; y así le declaró que podía muy bien quejarse, como y cuando quisiese, sin gana o con ella, que hasta entonces no había leído cosa en contrario en la orden de caballería. Díjole Sancho que mirase que era hora de comer. Respondióle su amo que por entonces no le hacía menester; que comiese él cuando se le antojase. Con esta licencia se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y sacando de las alforjas lo que en ellas había puesto, iba caminando y comiendo detrás de su amo muy despacio, y de cuando en cuando empinaba la bota con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga. Y en tanto que él iba de aquella manera menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa que su amo le hubiese hecho, ni tenía por ningún trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las aventuras por peligrosas que fuesen. En resolución, aquella noche la pasaron entre unos árboles, y del uno de ellos desgajó Don Quijote un ramo seco, que casi le podía servir de lanza, y puso en él el hierro que quitó de la que se le había quebrado. Toda aquella noche no durmió Don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por acomodarse a lo que había leído en sus libros, cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos en las memorias de sus señoras.
No la pasó así Sancho Panza, que como tenía el estómago lleno, y no de agua de chicoria, de un sueño se la llevó toda, y no fueran parte para despertarle, si su amo no le llamara, los rayos del sol que le daban en el rostro, ni el canto de las aves, que muchas y muy regocijadamente la venida del nuevo día saludaban. Al levantarse dio un tiento a la bota, y hallóla algo más flaca que la noche antes, y afligiósele el corazón por parecerle que no llevaban camino de remediar tan presto su falta. No quiso desayunarse Don Quijote porque como está dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias.
Tornaron a su comenzado camino del puerto Lápice, y a hora de las tres del día le descubrieron. Aquí, dijo en viéndole Don Quijote, podemos, hermano Sancho Panza, meter las manos hasta los codos en esto que llaman aventuras, mas advierte que, aunque me veas en los mayores peligros del mundo, no has de poner mano a tu espada para defenderme, si ya no vieres que los que me ofenden es canalla y gente baja, que en tal caso bien puedes ayudarme; pero si fueren caballeros, en ninguna manera te es lícito ni concedido por las leyes de caballería que me ayudes, hasta que seas armado caballero. Por cierto, señor, respondió Sancho, que vuestra merced será muy bien obedecido en esto, y más que yo de mío me soy pacífico y enemigo de meterme en ruidos y pendencias; bien es verdad que en lo que tocare a defender mi persona no tendré mucha cuenta con esas leyes, pues las divinas y humanas permiten que cada uno se defienda de quien quisiere agraviarle. No digo yo menos, respondió Don Quijote; pero en esto de ayudarme contra caballeros, has de tener a raya tus naturales ímpetus. Digo que sí lo haré, respondió Sancho, y que guardaré ese precepto tan bien como el día del domingo. Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frailes de la orden de San Benito, caballeros sobre dos dromedarios, que no eran más pequeñas dos mulas en que venían. Traían sus anteojos de camino y sus quitasoles. Detrás de ellos venía un coche con cuatro o cinco de a caballo que les acompañaban, y dos mozos de mulas a pie. Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína que ia a Sevilla, donde estaba su marido que pasaba a las Indias con muy honroso cargo. No venían los frailes con ella, aunque iban el mismo camino; mas apenas los divisó Don Quijote, cuando dijo a su escudero: o yo me engaño, o esta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen, deben ser, y son sin duda, algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poderío. Peor será esto que los molinos de viento, dijo Sancho. Mire señor, que aquellos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera: mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le engañe. Ya te he dicho, Sancho, respondió Don Quijote, que sabes poco de achaques de aventuras: lo que yo digo es verdad, y ahora lo verás. Y diciendo esto se adelantó, y se puso en la mitad del camino por donde los frailes venían, y en llegando tan cerca que a él le pareció que le podían oír lo que dijese, en alta voz dijo: gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en ese coche lleváis forzadas, si no, aparejáos a recibir presta muerte por justo castigo de vuestras malas obras.

Detuvieron los frailes las riendas, y quedaron admirados, así de la figura de Don Quijote, como de sus razones; a las cuales respondieron: señor caballero, nosotros no somos endiablados ni descomunales, sino dos religiosos de San Benito, que vamos a nuestro camino, y no sabemos si en este coche vienen o no ningunas forzadas princesas. Para conmigo no hay palabras blandas, que ya yo os conozco, fementida canalla, dijo Don Quijote. Y sin esperar más respuesta, picó a Rocinante, y la lanza baja arremetió contra el primer fraile con tanta furia y denuedo, que si el fraile no se dejara caer de la mula, él le hiciera venir al suelo mal de su grado, y aun mal ferido si no cayera muerto. El segundo religioso, que vio del modo que trataban a su compañero, puso piernas al castillo de su buena mula, y comenzó a correr por aquella campaña más ligero que el mismo viento. Sancho Panza que vio en el suelo al fraile, apeándose ligeramente de su asno, arremetió a él y le comenzó a quitar los hábitos. Llegaron en esto dos mozos de los frailes, y preguntáronle que por qué le desnudaba. Respondióles Sancho que aquello le tocaba a él legítimamente, como despojos de la batalla que su señor Don Quijote había ganado. Los mozos, que no sabían de burla, ni entendían aquello de despojos ni batallas, viendo que ya Don Quijote estaba desviado de allí, hablando con las que en el coche venían, arremetieron con Sancho, y dieron con él en el suelo; y sin dejarle pelo en las barbas le molieron a coces y le dejaron tendido en el suelo sin aliento ni sentido: y sin detenerse un punto, tornó a subir el fraile, todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro y cuando se vio a caballo picó tras su compañero, que un buen espacio de allí le estaba aguardando, y esperando en qué paraba aquel sobresalto; y sin querer aguardar el fin de todo aquel comenzado suceso, siguieron su camino haciéndose más cruces que si llevaran el diablo a las espaldas. Don Quijote estaba, como se ha dicho, hablando con la señora del coche, diciéndole: la vuestra fermosura, señora mía, puede facer de su persona lo que más le viniera en talante, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el suelo derribada por este mi fuerte brazo; y porque no penéis por saber el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo Don Quijote de la Mancha, caballero andante y aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa doña Dulcinea del Toboso; y en pago del beneficio que de mí habéis recibido o quiero otra cosa sino que volváis al Toboso, y que de mi parte os presentéis ante esta señora, y le digáis lo que por vuestra libertad he fecho. Todo esto que Don Quijote decía, escuchaba un escudero de los que el coche acompañaban, que era vizcaíno; el cual, viendo que no quería dejar pasar el coche adelante, sino que decía que luego había de dar la vuelta al Toboso, se fue para Don Quijote, y asiéndole de la lanza le dijo en mala lengua castellana, y peor vizcaína, de esta manera: anda, caballero, que mal andes; por el Dios que crióme, que si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno. Entendióle muy bien Don Quijote, y con mucho sosiego le respondió: si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento, cautiva criatura. A lo cual replicó el vizcaíno: ¿yo no caballero? juro a Dios tan mientes como cristiano; si lanza arrojas y espada sacas, el agua cuán presto verás que el gato llevas; vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo; y mientes, que mira si otra dices cosa. Ahora lo veredes, dijo Agraves, respondió Don Quijote; y arrojando la lanza en el suelo, sacó su espada y embrazó su rodela, y arremetió al vizcaíno con determinación de quitarle la vida.

El vizcaíno, que así le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que por ser de las malas de alquiler, no había que fiar en ella, no pudo hacer otra cosa sino sacar su espada; pero avínole bien que se halló junto al coche, de donde pudo tomar una almohada que le sirvió de escudo, y luego fueron el uno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos. La demás gente quisiera ponerlos en paz; mas no pudo, porque decía el vizcaíno en sus mal trabadas razones, que si no le dejaban acabar su batalla, que él mismo había de matar a su ama y a toda la gente que se lo estorbase. La señora del coche, admirada y temerosa de lo que veía, hizo al cochero que se desviase de allí algún poco, y desde lejos se puso a mirar la rigurosa contienda, en el discurso de la cual dio el vizcaíno una gran cuchillada a Don Quijote encima de un hombro por encima de la rodela, que a dársela sin defensa, le abriera hasta la cintura. Don Quijote, que sintió la pesadumbre de aquel desaforado golpe, dio una gran voz, diciendo: ¡oh señora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro caballero, que por satisfacer a la vuestra mucha bondad, en este riguroso trance se halla! El decir esto, y el apretar la espada, y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizcaíno, todo fue en un tiempo, llevando determinación de aventurarlo todo a la de un solo golpe. El vizcaíno, que así le vio venir contra él, bien entendió por su denuedo su coraje, y determinó hacer lo mismo que Don Quijote: y así le aguardó bien cubierto de su almohada, sin poder rodear la mula a una ni a otra parte, que ya de puro cansada, y no hecha a semejantes niñerías, no podía dar un paso. Venía, pues, como se ha dicho, Don Quijote contra el cauto vizcaíno con la espada en alto, con determinación de abrirle por medio, y el vizcaíno le aguardaba asimismo, levantada la espada y aforrado con su almohada, y todos los circunstantes estaban temerosos y colgados de lo que había de suceder de aquellos tamaños golpes con que se amenazaban, y la señora del coche y las demás criadas suyas estaban haciendo mil votos y ofrecimientos a todas las imágenes y casas de devoción de España, porque Dios librase a su escudero y a ellas de aquel tan grande peligro en que se hallaban. Pero está el daño de todo esto, que en este punto y término deja el autor de esta historia esta batalla, disculpándose que no halló más escrito destas hazañas de Don Quijote, de las que deja referidas. Bien es verdad que el segundo autor de esta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha que no tuviesen en sus archivos o en sus escritorios algunos papeles que de este famoso caballero tratasen; y así, con esta imaginación, no se desesperó de hallar el fin de esta apacible historia, el cual, siéndole el cielo favorable, le halló del modo que se contará en el siguiente capítulo.



Obra de Vladimir Kush




Leer Mas......

lunes, 8 de noviembre de 2010

Escena Barroca

Miré a mi alrededor, y sólo podía preguntarme qué hacer con mi vida. En medio de ese caos, ni el espacio ni mi futuro parecían tener sentido. Una existencia aislada de la coherencia universal, siguiendo una senda autónoma, rebelada contra lo convencional, pero también con el equilibrio.
El contexto podía describirse como barroco, una saturación de objetos, imágenes, caras, prendas, muebles, libros, apuntes, vasos y botellas ya sin contenido… el frío sonido del silencio había sido momentáneamente reemplazado por un repicar constante de gotas en las tejas, clásica lluvia de primavera. Sin embargo, ni el paisaje repleto ni la normalidad de primavera constituían una armoniosa obra alegre, todo lo contrario… la saturación no anulaba la sensación de vacío infinito, y la primavera se ocultaba tras la oscuridad y la lluvia nocturna, resistiéndose a dar su toque de color al mundo.
Un tenue velador dibujaba cada rincón del cuarto de acuerdo a su caprichosa distribución de sombras. La perspectiva era sombría sin importar el ángulo; ser consciente de la esencia artificial de aquella lámpara, provoca inclinarse a abandonar las últimas esperanzas de autenticidad primaveral.
Y es que de allí en más, todo sería así. La artificialidad recubre todo, lo encierra, lo transforma, lo suplanta. Ocupa de tal forma el lugar de las cosas que SON, que lo artificial no se pone en duda, su impecable disfraz triunfa, a pesar de que todos sentimos que algo falta, sin saber qué. La felicidad encerrada en una pastilla, ocultando la tristeza pero sin ser felicidad; las personas que se chocan con nuestra existencia por la accidentalidad de su ruta, configurada en un tablero donde juegan estratégicamente, movidos por la mano individualista de lo efímero, tan artificiales como las fichas de un ajedrez clásico, frías y huecas figuras moldeadas en serie. Y la artificialidad ha alcanzado hasta a los deseos, encausados por objetivos impuestos, coherentes con una moralidad olvidada, cuyos creadores y ejecutores fueron esfumados con el tiempo.
Sin embargo, me resistí a ahogarme en este cuadro, esperando las próximas pinceladas…


“Dirigía un mudo reproche al destino q no acertaba a juntar las soledades gemelas…”
 L. Marechal.






 
 

Leer Mas......

sábado, 6 de noviembre de 2010

La maldita ciudad del olvido

Una palabra viva, buscando un reflejo del alma que conocía y que extraño sentir.
Imágenes irreales al fin, incesantes espejismos que atormentan cada respirar.
Y el respiro ya como soplidos resignados, conformarse termina siendo la utopía,
ante un encuentro más allá de lo imaginable.
Resginarse,convencerse,olvidarse. Palabras, palabras...
Abstracciones incognoscibles, que juegan a ser símbolo una vez más.
Olvidar; recordar y desechar, imágenes, momentos, un nombre, un lugar, un día, EL día.
Pero ya no son imágenes, ya no son Nombres, ya no son momentos...
Son huellas imperennes, perpetuas, grabadadas,intachables...
Antes el motor de las sonrisas más espontáneas, hoy amargas expresiones incontenibles.

Leer Mas......

miércoles, 13 de octubre de 2010

Cortejo rítmico entre el humo

Danzan los zapatos... reflejando la mirada de los bailarines y sus vaivenes hipnóticos; taco que avanza, suela retrocede, la otra suela se entrecruza entre los tacos, que lo envuelven para luego ocultarse tímidamente. Idas y vueltas infinitas, giros, deslices, amagues, avances y retrocesos; todo alrededor se mueve en una apagada armonía, como ignorando lo que en esas cuatro baldosas se gestaba, aún verde para germinar, pero con una fuerza avasallante impulsando los acontecimientos encadenados, su fin, incierto. Leer Mas......

domingo, 22 de agosto de 2010

Final abierto

No fuiste nada, nadie, un fuego artificial más en un cielo de estrellas incandescentes, opacado por los otros brillos, devaluado por lo efímero.

Todo el tiempo fue un juego, con caretas cambiantes, pero nunca la nuestra, la auténtica. No fue real, no fue, por lo que tampoco terminó. La historia que me cuento es de otro, pura ficción.

¿Estoy soñando o estoy despierta? Me confundo permanentemente, y ante la duda vivo todo como real, para no desestabilizar mis mundos, reales al menos para mí. Pero en la dura certeza del mundo verdadero y cotidiano, termino rompiendo el equilibrio con los matices de lo soñado. Todos los días, un nuevo Big Bang.

Ya sea el sueño o la vida, despertarse siempre deja un sabor amargo. El anhelo de aquello que dejamos atrás, por más poco que sea, no cede el terreno con ligereza al devenir, que por sinuoso que suele ser, a la distancia destella en apariencia.

Los hechos, y mis hechos, mi idea de ellos, mi recuerdo, mi sentir, mi vivir; sus hechos. Ambos inconmensurables; sus actos constituyen una sucesión de escenas teatrales griegas, sin subtitular.

Otro final abierto, ¿acaso no lo son todos?
Leer Mas......

viernes, 23 de julio de 2010

Palabras fetiches

¿Es posible medir la prescindibilidad de las palabras? ¿cómo se hace, cuando éstas ya se cayeron de la boca, resbalándose del pensamiento? ¿cómo se hace cuando el efecto siguió a la causa antes de lo imaginado, y la racionalización de lo dicho no alcanzó a dilucidarlo...? La inmediatez ingobernable.

Incontables fueron los días marcados por la tensa expectativa, que tristemente se sucederían por un genocidio prematuro de promesas. Sus palabras anidadas en mis entrañas, la tenue e ingenua llama alimentada con mi aire, sirviendo de impulso a las más tiernas visiones, que alguna vez se animarían a ser... ¿que alguna vez se animarían a ser?

Un eterno retorno ineludible, cuya esencia siempre invariable se compone de trampas textuales, especulación semántica, imaginación desbordante...
Manchadas con incerteza y sufrimiento; así nacieron y morirían sus palabras, enunciadas irresponsablemente, escupidas como objetos amorfos, incoloros, inpalpables, simples cosas fetichizadas; una vez concretadas, huérfanas.
Leer Mas......

domingo, 18 de julio de 2010

ACID HOUSE, Irvine Welsh

La Realidad y el Delirio, a veces no se distinguen con claridad...



"... que me jodan el mundo entero podría ser una alucinación los colores están en pugna y reverberando y la cara de Tina resulta asquerosa y como de una vampiresa con ese vestido y Roxy está balbuceando y hay un oso polar corriendo por ahí a cuatro patas...
- Spud, ¿Has visto al oso, tío?, pregunté.
- No es un oso, tío, es como un oso-perro como quien dice, como medio hombre medio perro pero con algo de oso ¿sabes?.
- Raymie, tú lo viste, ¿sabes si era un oso?
- Si, personalmente yo diría que aquello era un oso.
- ¡Hostia puta Raymie! Acabas de decir algo coherente, algo que tiene sentido.
"Es sólo el ácido" me dice.

Veo a Moncrief sentado junto a una planta mostruo. La cara de Moncrief está cambiando de color y de forma. Veo que no es un ser humano. Denise se me acerca: "¿Has tomado algún supermario de ésos?"
"Si..., demasiado, tío."

Le compra uno a Spud. Le cuesta ocho libras. A mí me han arrancado la piel. Eileen Eileen Eileen la Torre Montparnasse tuve su amor y lo perdí porque era demasiado joven demasiado estúpido para identificarlo y reconocerlo como tal y nunca volverá a cruzarse en mi camino ni en un millón de putos años y nunca llegaré a los stenta y dos de todas formas sin ella no quiero vaya un asco sería sin Eileen que está yendo a la universidad en Londres no sé a cuál o al menos iba el año pasado espero que seas feliz ahora feliz sin el viejo listillo de tu novio que pensaba que era divertido pero era sólo un gilipollas egoísta irritante inmaduro y no es que escaseen siempre hay muchos y tuviste razón en dejarle en tanto que decisión puramente racional... "

Leer Mas......

martes, 29 de diciembre de 2009

Five spot.. Afert Dark ...

... De modo que decidimos trasladarnos al otro lado de la pantalla.
Una vez resueltos a hacerlo, no es difícil. Basta con separarnos de nuestro cuerpo, dejar atras la sustancia, convertirnos en un punto de vista conceptual desprovisto de masa. De esta forma podremos atravesar cualquier pared. Podremos salvar cualquier abismo. Así que nos convertimos, en efecto, en un punto sin impurezas y cruzamos la pantalla que separa los dos mundos. Nos trasladamos desde este lado al otro. En el momento en que atravesamos la pared y salvamos el abismo, el mundo se deforma muchísimo, se quiebra, se desmorona, desaparece durante unos instantes. Todo se convierte en un polvo fino e inmaculado que se esparce por doquier. Después, el mundo vuelve a reconstruirse. Una nueva esencia nos rodea. Todo ha ocurrido en un abrir y cerrar de ojos...

[Haruki Murakami]

Leer Mas......

martes, 4 de agosto de 2009

Fragmento de < RAYUELA >

" ... si todo eso fuera extrapolable, si todo eso « no fuera », en el fondo no fuera sino que estuviera ahí para que alguien (cualquiera, pero ahora él, porque era él que estaba pensando, era en todo caso el que podía saber con certeza qué estaba pensando, ¡Eh Cartesius, viejo jodido!), para que alguien, de todo eso que estaba ahí ahincando y mordiendo y sobre todo arrancando no se sabía qué pero arrancando hasta el hueso, de todo eso se saltara a una cigarra de paz, a un grillito de contentamiento, se entrara por una puerta cualquiera a un jardín cualquiera, a un jardín alegórico para los demás, como los mandalas son alegóricos para los demás, y en ese jardín se pudiera cortar una flor y que esa flor fuera la Maga, o Babs, o Wong, pero explicados y explicándolo, restituidos, fuera de sus figuras del Club, devueltos, salidos, asomados, a lo mejor todo eso no era más que una nostalgia del pasado terrenal, un ideal de pureza, solamente que la pureza venía a ser un producto inevitable de la simplificación ... " [“Rayuela” – CORTÁZAR ] Leer Mas......

domingo, 14 de junio de 2009

A 81 años del nacimiento de un ejemplo

Son muchas las cosas que se dijeron acerca de Ernesto Guevara, sin embargo año a año sentimos la necesidad de recordar a este "Hombre Nuevo" latinoamericano, que no sólo murió, sino que, aún más importante, vivió por un sueño socialista y se entregó enteramente a la lucha por materializarlo.
A pesar de no poder coincidir por completo con algunos principios más bien estratégicos o metodológicos de conducción del proyecto (considerando inadecuada la transposición a la situación política contemporánea), Ernesto Guevara perdurará a lo largo de incontables generaciones como EL modelo de Militante, aquél que estuvo dispuesto a llevar sus ideas hasta las últimas consecuencias, las que, junto con sus teorías políticas, son y serán retomadas y adecuadas al contexto sociopolítico actual, como guía para la construcción de una patria
latinoamericana y socialista, representando "El Che" la vanguardia en este camino que dilucida el fin de la opresión y la explotación capitalista, a través de la unión de los pueblos atinoamericanos, afianzando los lazos y proyectando y creando alternativas en conjunto.
El camino es largo, y tal vez utópico pensar ese fin, pero concebirlo nos impulsa a pelearlo, y acercarnos cada día un poco más a un mundo sin tan profundas brechas sociales, esclavitud y concentración de poder; Justicia Global, Liberación y Socialismo, es la llegada...
Leer Mas......

sábado, 16 de mayo de 2009

El Gran PEZ

"Dicen que cuando conoces al amor de tu vida, el tiempo se detiene "; cualquier científico obsesivo ni perdería SU tiempo intentando refutar esta surrealista frase, el más básico sentido común indica que el tiempo nunca se detiene. Pero, ¿por qué darle ahora al Sentido Común un prestigio que nunca tuvo?. Será que lo real y lo humano son dos cosas que no pueden ir juntas.
Cuando el amor pasó por primera a vez adelante de mis ojos, y sin siquiera saberlo todavía, o comenzando a reconocerlo en ese instante... el tiempo se detuvo.
Sí, el tiempo se detuvo. Y ninguna teoría puede explicar lo que en ese momento percibía. Alejado de la realidad, de lo natural, tal vez.. todo me conduce a aquella hipótesis: lo real no va de la mano con lo humano.No hay leyes que puedan predecir el acontecer humano, los sentimientos inexplicables, los hechos incondicionables, las experiencias suprasensoriales. Irreales... ese término tan necesario ante el oxímoron del concepto REALIDAD, totalizante pero restringente...la experiencia humana va más allá de lo REAL innumerables veces.
¿Pero por qué una experiencia de tal magnitud, aunque personal al fín, debiera afectar el tiempo de todo el mundo? Sería no sólo poco práctico al sentido común, sino también egocéntrico pensarlo. Será tal vez que el tiempo que se detiene es el de uno mismo... es ese mundo que nos pertenece, nuestro mundo, el que se detiene. Todos tenemos nuestro propio mundo, y obviamente en él rige nuestro propio Tiempo. Esto no quiere decir que lo podamos controlar, manipular, orientar... sino que esa furza incontrolable, funciona en Modo causa-efecto a partir de los acontecimientos que marcan el funcionamiento del mundo Propio, los cuales pueden ser consecuencias de nuestros actos, o consecuencias del devenir de otro mundo. Ya que éstos se encuentran todos interconectados. Y en ese momento, que es único en cada mundo, inesperado pero avasallador, el tiempo se detiene más que nunca. No se aletarga, sino que se detiene efectivamente. La imagen congelada, reconstruida con todos y cada uno de nuestros sentidos, será no sólo más duradera... sino que también pasa a ser eterna. Esa imágen, que será única, y que lamentablemente algunos mundos particulares nunca logran verla, ya que el devenir particular a veces no coincide con el del otro mundo paralelo, no sólo marca el Mundo particular, sino que lo Reconstituye. Deja de ser lo que era. Ya no es ESE mundo, sino que es el Mundo a partir del OTRO Mundo. El nuevo será el autor de una composición plena a su antojo. Y como la mayoría de las cosas que ocurren en los Mundos, gran parte de aquél proceso será involuntario, inconciente. Cuando los Mundos entran en contacto por primera vez, conocés al AMOR, en ese instante... comienza un proceso que quién sabe cuando termina, si es que lo hace, y del cual lográs tomar una efímera conciencia sólo en el caso de que concluya algún día, cuando el Mundo ya es totalmente otro.

Leer Mas......